El papel de la Matemática en la Economía Moderna

1. El Método Matemático

2. Resumen del desarrollo histórico de economía matemática

3. Teoría del equilibrio general

4. Cómputo del equilibrio económico

5. Referencias bibliográficas

1. El Método Matemático

Por alguna extraña razón, los economistas siempre han considerado que discusiones sobre la metodología de nuestra ciencia son poco fructíferas.

El creador de la escuela austríaca, Carl Menger (1840-1921), afirmó que "Los resultados científicos más importantes han sido alcanzados por hombres que no estaban interesados en problemas metodológicos" (C. Menger, 1924).

Dennis H. Robertson, comienza su discusión sobre la teoría del interés Keynesiana diciendo "comenzaré con unas pocas palabras sobre la materia desagradable de metodología" (Robertson, 1940, citado por Koopmans, 1957).

Roy F. Harrod, en su ensayo metodológico de 1938, explica que el tema usualmente aburre, en especial porque el metodólogo "...critica la tarea de los demás que, cualquiera sea su valor, al menos trata de ser constructiva; se establece a sí mismo como el intérprete definitivo del pasado y el dictador de esfuerzos futuros" (Harrod, 1938).

A pesar de estar apreciaciones negativas he decidido correr el riesgo de presentarles, a modo de introducción, algunas consideraciones sobre el método matemático en economía.

Desde los primeros balbuceos de Giovanni Ceva, quien en 1711 intentara presentar la teoría de la moneda en términos geométricos, y afirmaba que "para comprender los principios de las cosas debemos construir modelos racionales por medio de supuestos... y la manera correcta de tratar dichos modelos es por medio de las matemáticas (Schumpeter, 1954, pág. 301), hasta nuestros días la utilización de la matemática en el razonamiento económico ha sufrido enormes transformaciones.

Es evidente que, de acuerdo con las palabras del eminente economista Leonid Hurwicz (Hurwicz, 1963), "economía matemática ha 'arribado', a juzgar por el número de publicaciones técnicas, volumen de las contribuciones científicas, cursos ofrecidos, y concurrencia de alumnos". Si bien para el especialista son suficientes observaciones casuales para arribar a esta conclusión, se puede agregar la evidencia estadística de George Stigler, quien en sus "Estudios Estadísticos sobre la Historia del Pensamiento Económico" analiza la distribución porcentual de los temas de artículos económicos publicados en los Estados Unidos. "Hacia fines del siglo pasado sólo un artículo de cada veinte usaba gráficos o álgebra simple; al principio de la década de 1960 sólo a uno de cada tres artículos le basta el lenguaje de las palabras. Si la tendencia sigue, hacia el año 2000 nuestra ciencia se habrá convertido en matemática simplemente porque los editores de las revistas especializadas no sabrán leer un trabajo no matemático..." (Stigler, 1964).

He referido en otra ocasión la reacción escandalizada de Sir Roy Harrod a la identificación que Lionel McKenzie hacía entre economía matemática y teoría económica (Mantel, 1984).

Sin embargo, si bien hay mucho lugar para tratar temas económicos sin usar matemática, el uso corriente en nuestra ciencia nos lleva a trabajar cada vez más desde el punto de vista matemático.

La historia no fue siempre de éxito. Si nos remontamos a escritos previos al último medio siglo, encontraremos quejas, a veces amargas, como las siguientes.

En 1844, leemos de Jules Dupuit sobre ". . . el anatema que los economistas de todos los tiempos han pronunciado contra (las ventajas de una alianza con la matemática)" (Dupuit, 1844).

León Walras en el prefacio a la cuarta edición de sus Elementos de "Economía Política Pura o Teoría de la Riqueza Social" en el año 1900 expresaba "En cuanto a aquellos economistas que no saben matemática, que ni siquiera saben qué significa la matemática y que a pesar de ello han tomado la posición de que la matemática no puede servir para elucidar principios económicos, dejadlos ir repitiendo que "la libertad humana jamás permitirá ser volcada a ecuaciones" o que "la matemática ignora las fricciones que lo son todo en la ciencia social" y otras frases de igual fuerza y ampulosidad. Ellos nunca podrán evitar que la teoría de la determinación de los precios bajo competencia libre se convierta en una teoría matemática. Por lo tanto, ellos siempre deberán encarar la alternativa o bien de mantenerse alejados de esta disciplina y en consecuencia elaborar una teoría de economía aplicada sin recurrir a una teoría de economía pura, o bien atacar los problemas de economía pura sin el equipamiento necesario, y con ello producir no sólo una muy mala economía pura sino también una muy mala matemática" (Walras, 1900).

John Maynard Keynes en su "Teoría General", editada en 1936, describía así el estado en nuestro campo: "Una proporción demasiado elevada de economía "matemática" (entre comillas en el original) reciente ha sido meramente fraguada, tan imprecisa como los supuestos iniciales sobre los que se basa, que permite a los autores perder de vista las complejidades e interdependencias del mundo real en un laberinto de símbolos pretensiosos e inútiles" (Keynes, 1936). Como autor de un importante tratado sobre probabilidades poco se puede dudar de sus conocimientos sobre matemática.

Si bien la observación de Keynes pudo haber sido correcta hace medio siglo, hoy la situación es distinta. En el presente las dudas sobre el método matemático se deben a una interpretación errónea.

El error de apreciación de cuál es el papel de la matemática en economía no proviene solamente del campo de los no versados en matemática, ya que aún los economistas matemáticos de otras épocas tenían una concepción fundamentalmente distinta a la actual. Por ejemplo Jevons, en su "Teoría de Economía Política" publicada en 1871 afirmaba "A mi me parece que nuestra ciencia debe ser matemática, simplemente porque trata con cantidades" (citado por Roll, 1956).

De acuerdo con Hurwicz, esta inclinación hacia igualar matemática con los fenómenos cuantitativos o numéricos es muy fuerte. Pero hacer matemática no es lo mismo que emplear el método matemático, como muy bien distinguiera Irving Fisher (Hurwicz, 1963). La característica más notable de dicho método es quizá el uso de símbolos; pero es innegable que no son necesarios para la aplicación del método, como lo demuestra el caso de Marshall, quien según Manuel de Torres (1954) hacía matemática sin símbolos.

Hacer matemática tampoco es hacer cuentas. Una rápida revisión de las aplicaciones de la matemática que se han hecho a la economía permite ver que no es justamente el carácter numérico o medible de los fenómenos económicos el que más ha atraído la atención de los economistas teóricos. Si bien no es negligible este aspecto, como lo atestigua la enorme cantidad de trabajos econométricos que emplean los resultados de la estadística matemática, basta con mirar el índice de una obra como el Manual de Economía Matemática recientemente compilado por Kenneth J. Arrow y Michael Intriligator (1981, 1982) para conocer los demás instrumentos empleados. Se hace referencia allí a topología, teoría de los conjuntos, convexidad, programación matemática, álgebra lineal, sistemas dinámicos, teoría del control óptimo determinista y estocástico, teorías de la medida, teoría de la probabilidad, juegos de estrategia, y análisis global. Cualquier persona medianamente versada en estos temas reconocerá de inmediato que el cálculo numérico no juega aquí un papel preponderante.

Esta lista nos muestra en qué dirección se han desarrollado las herramientas matemáticas más utilizadas en la economía contemporánea. Según Koopmans ". . . quizá las herramientas matemáticas más antiguas en economía son el ejemplo numérico y el diagrama" (Koopmans, 1957). El ejemplo numérico con el tiempo fue destituido al rol de herramienta expositoria. El diagrama es de apreciación más sencilla por lo que tienta a su empleo; pero el ojo humano no razona, y por ello es fácil introducir supuestos ocultos mediante su empleo. Además nos limita en cuanto a los problemas que se pueden analizar por no permitir la representación de más de dos o tres variables.

En los últimos cuarenta años se ha ampliado el horizonte matemático del economista. Se ha abandonado el énfasis sobre el cálculo diferencial por ser miope en su papel de indicador de posiciones de óptimo, además de requerir la existencia de derivadas de funciones de utilidad y de producción no siempre justificables desde el punto de vista económico.

Todo esto nos mueve en la dirección de matemática más fundamental. Hoy en día el economista medio requiere un conocimiento, aunque sea a un nivel elemental, de la teoría de conjuntos, de relaciones, del campo de números reales, de funciones, de cálculo diferencial e integral, de probabilidades, de espacios lineales y álgebra matricial y de algunos resultados de topología combinatoria y topología general.

Un tema separado es la enorme influencia del progreso tecnológico en el campo de la computación debido al fantástico avance del conocimiento en el campo de la electrónica. Los modernos equipos permiten realizar cálculos en una escala no soñada hace apenas treinta años. Es sorprandente que también aquí aparece asociado el nombre de John von Neumann, el matemático que como duende benéfico tantas veces se asoma a nuestra ciencia, como se verá un poco más tarde. Fue su genial concepción de la computadora que mantiene sus propias instrucciones en su memoria junto con los datos sobre los que debe operar la que subyace a todas las máquinas de hoy en día, con su facilidad de ejecutar millones de operaciones por segundo, actualizando no sólo la información sino tomando decisiones y alterando sus propios programas de instrucciones.

Es interesante hacer notar que los economistas ya desde los albores de nuestra ciencia estaban preocupados por la computación. Se considera como "padre espiritual" de las calculadores automáticas modernas a Charles Babbage, quien regenteó la cátedra de matemática de la universidad de Cambridge a mediados del pasado siglo, y fuera economista de nota (Schumpeter, 1954, pág. 541 nota 1). "Hacia el año 1835 lanzó el concepto de una "máquina analítica", como él decía, en la que se anticipaban algunos de los caracteres esenciales de construcción que encontramos realizados en los autómatas modernos. ...Resulta penoso que Babbage naciera con un siglo de anticipación ...la construcción de la máquina de acuerdo con sus planes resultó un completo fracaso. Por aquel tiempo era imposible técnicamente la construcción de un dispositivo mecánico dotado de la precisión adecuada" (Gerwin, 1967, pág. 100).

No sólo es posible en la actualidad diseñar ejemplos numéricos más elaborados que en el pasado para resolver de manera experimental problemas demasiado complejos para su solución analítica, o simular la respuesta de un modelo del sistema económico a modificaciones en los niveles de los instrumentos de política económica con fines de controlarlo antes de ejecutar costosos experimentos con la economía de un país. También es viable utilizar técnicas estadísticas y econométricas más elaboradas que en el pasado para la estimación de modelos de la economía, tanto para fines explicativos como para fines predictivos. El investigador tiene hoy al alcance de su mano, no más lejos que su biblioteca de programas, los medios para efectuar análisis que hasta pocas décadas eran inimaginables. Gracias a los adelantos en los medios de comunicación, también basados en la electrónica, tiene además la posibilidad de acceder a una enorme masa de información económica, permanentemente actualizada. Lamentablemente estos adelantos aún no se hacen sentir mayormente en nuestro país debido a las restricciones al intercambio comercial y, en consecuencia, cultural a que son tan proclives nuestros gobiernos.

En la portada de su libro "Fundamentos del Análisis Económico", Paul A. Samuelson - premio Nobel, uno de los más prolíficos y exitosos escritores de la economía - reprodujo el lema del gran físico de la Universidad de Yale Willard Gibbs: "La matemática es un lenguaje" (Samuelson, 1947). Sin embargo, como lo demuestra incluso el mismo Samuelson en sus publicaciones, "...la matemática es mucho más que sólo un lenguaje. La matemática es también un poderoso instrumento para la solución de algunos problemas centrales de economía" (Hurwicz, 1963).

Este último argumento ya fue presentado por Jules Dupuit al escribir sobre la medición de la utilidad de las obras públicas en 1844, cuando afirmaba que "En cuanto uno se percata junto con J. B. Say que economía política se refiere a cantidades susceptibles de un más o un menos, también debe ser reconocido que está en el dominio de la matemática. ...No sólo nos dan los símbolos y los gráficos de la matemática cuerpo y forma a ideas abstractas, llamando con ello a los sentidos a colaborar con el poder intelectual del hombre, sino sus fórmulas se hacen cargo de dichas ideas, las modifican, las transforman, y traen a la luz todo lo que es verdadero, correcto y preciso en ellas sin forzar la mente a seguir todos los movimientos de una maquinaria cuyo curso, en cierta etapa, puede pensar por nosotros, y hay tanta ventaja en utilizarlas como hay en usar aquéllas que, en la industria, trabajan por nosotros" (Dupuit, 1844). Este párrafo, según Schumpeter, es el primer argumento y quizá uno de los mejores en su brevedad, en favor del método matemático (Schumpeter, 1954, pág. 957, nota 7).

El mismo Schumpeter nos dice que "...hay ventajas en (construir) un instrumento compuesto o máquina o sistema de análisis económico... que funcione formalmente de la misma manera, cualquiera que sea el problema económico al que podamos dirigirnos. La obra de Ricardo Cantillon es la primera en que la consciencia de esta última verdad es claramente discernible, aunque les llevó a los economistas más de un siglo efectivizar todas sus posibilidades - León Walras fue de hecho el primero en hacerlo" (Schumpeter, 1954, pág. 16).

Fue sin embargo Joan Robinson quien proporcionó la descripción más breve de esta ventaja de una teoría formalizada, al afirmar que "Teoría económica es una caja de herramientas" (Schumpeter, 1954, pág. 15).


1. El Método Matemático

2. Resumen del desarrollo histórico de economía matemática

3. Teoría del equilibrio general

4. Cómputo del equilibrio económico

5. Referencias bibliográficas




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